Casanova en el tablero
12 de marzo. Curso 1002
De nuevo el arsenal montado en el videobeam para hablarles esta vez del espectro electromagnético y los modelos atómicos. A veces pienso que todo este despliegue y este asunto de instruir a los pelaos no es muy diferente de una sesión de flirteo. Al fin y al cabo lo que se busca es acaparar, impresionar, cuestionar, tornar interesante la carreta de turno, con la diferencia de que no es una cafetería bonita, una caminata por la séptima o un bar chic ni la mirada de una sola chica el lugar de cortejo sino un rojo y ladrilludo salón de puestos estrechos y muchas rejas. Mi fórmula de “conquiste” para este caso fue llevarles ejemplos de cada una de las zonas del espectro, cómo calienta la comida el horno microondas, que la emisión de los bombillos convencionales ¿Qué como así que lámparas económicas?, que existen tres tipo de radiación UV del sol y por qué se forman las quemaduras por exposición al sol, frases celebres de Niels Bohr y cómo cambia la frecuencia y la longitud de onda a lo largo del espectro. ¿Logré “cotizarme” a los pupitros? Pues no tengo ni idea. Prefiero pensar, al igual que con las mujeres, que la cita salió de lo peor posible, que adolezco de carisma, claridad y buena facha en las explicaciones o de un tono voz agradable, para así no hacerme ilusiones de ningún tipo. Probablemente un equivalente al del “levante” exitoso sería la opinión animada de algún pupitro al terminar la hora o un sencillo “me gustó la clase, profe”.
La clase tuvo un particular interludio. Después de que Edgar interceptara una hojita con la charla de dos chicas pupitro, se dispuso a leerla en voz alta y tono sarcástico –la maniobra mas usada para prevenir correos de ese tipo-. Sin embargo los renglones repletos de tinta violeta y mala ortografía no se parecían a mucho a lo que habitualmente dos amigas conversarían por joyas como “Tu sabes que tomaste una decisión”, “porque desde que comenzaste a andar con las emos…” y el clásico “te quiero”. Una de las conversadoras se puso bastante susceptible, Edgar le pidió disculpas si en algún momento la había ofendido, Jacobo se tomó la palabra para reclamar que el articulo x del manual de convivencia prohibía la discriminación entre estudiantes o profesores, seguida por los alegatos de otros pupitros pidiendo respeto –a la hora de hacer reclamos y supuestamente defender sus derechos, los pupitros se convierten en un manojo de entereza y claridad conceptual- . Fue cuando el profe se sobresaltó lo suficiente para aseverar que ¡esta es MI clase y aquí hacen lo que YO les diga!, aclarando que “¡para enamorar esta el parque, a charlar pero afuera del salón, a escribirse papelitos en otro lado que la clase no es para eso!”. Los pupitros se aplacaron, pues palabras más palabras menos el profe tenía razón. Después de bajar los humos y de terminar la clase, no hubo más que atar cabos junto con el profe y hurgar el papelito para ver si lo que sucedió fue un simple “decomiso verbal” o una involuntaria salida del closet. No hubo conclusión, pero si varias carcajadas.