¡Oh Captain, My Captain!
Martes, 12 de febrero. Diez cero dos. Toma dos. Los salones del segundo piso son bien distintos, muchos más espaciosos y al menos tienen puestos individuales. Nuevamente estoy sin marca y el profe manda el pase por arriba, aunque esta vez al menos alcanzo a pararla con el pecho: “continúe la discusión sobre el modelo de Dalton que habíamos empezado la clase pasada, ya vengo”. Así que ahí estoy, los pupitros del segundo piso y yo. “Hágase respetar”, “no les de papaya”, “serio el primer día”. ¿Para qué? ¿Para seguir perpetuando todo lo que tanto me ha aburrido cuando he sido yo el pupitro o el universitario que ha estado detrás del escritorio? Ese muro de aire entre el profe-depositante y el alumno-alcancía que con tanta facilidad se vuelve una operación inercial, un compendio de carreta semanal dividida en horas y mediada por pasteles Gloria en los descansos. Y ahí estaban, yo con la pelota en el área y una línea defensiva de cuarenta y dos pupitros repartidos en siete filas. Pues nada, sea usted mismo y gambetee sin rodeos. Les expresé mis preocupaciones con los nervios del novato y el acelere en ascenso que a tiempo me controló el chino de la férula en el brazo: que me quedaba imposible ponerme en el rol de profe “rabon”, que quería mostrarles para que servía lo que veíamos en la clase -¿Lo que tienes en el cabello son rayitos o iluminaciones? ¿De qué son los alambres que tengo aquí entre las muelas? ¿Como así que gafas de policarbonato?-, que igual todo dependía de ellos, que me daba física mamera suplicarles por silencio. “No se les olvide que estas bolitas y palitos y sistemas solares son representaciones, pudieron haberles llamado monchiros, berenas en vez de átomos…”. Hasta sacie mi fetiche de poeta muerto parándome encima de la silla para hablarles de “la brecha” de aire que quería aminorar entre ellos y yo. Recordé la súper lupa del profe manuel Fredy para preguntarles que podría haber en medio de los átomos, ¿portones, muletas, aire, nada? – Les causó gracia- Y me detuve para acomodar el puesto de una chica que no estaba prestando atención, y de nuevo rieron, el relajante infalible de cualquier conversación. ¿Qué si rompí el hielo? No tengo idea. “si, vacio, eso es lo que hay entre cualquier porción de átomos… regresó el profe. Confesión: olvidé por completo el enunciado de la ley de las proporciones definidas.
El profe tenía una presentación en diapositivas para exponer los modelos atómicos, pero las omnipresentes dificultades técnicas obligaron al plan B: el profe optó por explicarles el experimento de Rutherford como si las partículas alfa fueran bolas de billar para explicar las desviaciones. “y claro, como las mujeres hasta ahora están aprendiendo a coger el taco son de las que le apuntan al centro pa que se devuelva la bola”. Acto seguido el clamor feminista de las muchachas y la conclusión con la que “Ernesto” desmintiera el modelo de Thomson y propusiera su versión de la estructura del átomo. Fue un buen recurso.
Materia, cambio y ridiculo en clase
Colegio Luis Carlos Galán. Lunes, once de febrero de 2008. Once y pico de la mañana. Profe Edgar y pupitros* del diez cero uno.
Hecho: mi condición aflora fácilmente puertas adentro del colegio mientras deambulo por el patio o por los comienzos de hora en el salón, un huésped extraño del tercer tipo que no sabe ni siquiera donde ubicarse apropiadamente. “Este curso es fregado”, había diagnosticado antes el profe. Opté por sentarme al lado de M., el grandulón peliparado del aretico, escritorios pequeños y de a dos personas, mientras el profe abordaba el dichoso objeto de estudio de la química, cuando de repente me vio habilitado y me lanzó el pase, pero la pelota me dio en la cara: “bueno profesor y cuéntenos, ¿qué quiere decir eso de interacción entre materia y energía? Mi respuesta se regó en el aire como un cargamento de palabras inconexas pronunciadas a la carrera y sin conexión alguna: “ah, si… reacción química…siendo la relación cuantitativa entre… en este caso…materia, cambio y energía…ejes fundamentales del estudio de la quimica bla, bla, bla…”. Dicen que en medio de una situación embarazosa, el sistema nervioso simpático estimula la producción de adrenalina, la cual dilata únicamente los vasos sanguíneos de la cara y permite que fluya más sangre por allí para… si, sonrojarse, achantarse, trágueme tierra pero mastique despacio, como en ese minuto en el que el reloj del salón de quedó sin pila y hasta los ladrillos del salón podrían reírse de uno. “claritico le entendí” alcancé a escucharle entre los murmullos que sobre mi taquicardia verbal o mi manoteo constante. Buuuu, pésimo debut.
Tejemanejes de un Profesor In-docente
Pues nada. la excusa para terminar sembrando esta parcela en blanco es la de recoger los detalles de lo que será mi primera “mision de reconocimiento”, como aspirante a una licenciatura en Quimica, por los dominios de una horda de pupitros adolescentes de grado decimo de un colegio público de Bogotá. de antemano ofrezco disculpas a quienes por algun mal entendido con el Google o por un colosal desocupe dominical terminen leyendo esto, ya que será muy probable la falta de objetividad, rigor y valor academico de este diario, pero ante la inminencia del porrazo con la realidad educativa que me persigue para cogerme por las orejas, no me queda mas que lanzarme de cabeza en este estanque verbal y agarrarme de la cola de algun pescado palabrero para seguir mi travesia medianamente protegido…